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Criar niños justos

Por Laura Espinosa

Una de las tareas primordiales de los padres es fomentar en sus hijos los valores. La justicia, al igual que todos los valores, debe ser inculcada dentro del seno familiar por medio de nuestra guía y ejemplo.

Gracias a los valores, los niños aprenden a formar su carácter, a entender la diferencia entre el bien y el mal, a convivir sanamente con los demás y a darle un sentido a su vida.

Si nos dedicamos a formar a nuestros hijos dentro de la justicia, ellos serán capaces de entender qué es de cada quien y darán lo que le corresponde o pertenece a lo demás, sin intervención de sus padres ni ningún tipo de coerción. Criar niños justos es una tarea que empieza desde la primera infancia.

RECUADRO
Cómo enseñar a tu hijo a ser más justo

  1. Enséñale a seguir las reglas de los juegos.
    Las normas ayudan a mantener el orden, la participación equitativa de todos y favorece la justicia. Explícale a tu hijo que es importante seguir las reglas de los juegos, esperar su turno y no hacer trampa.

  2. Háblale sobre los derechos de las personas y los animales.
    Una forma de enseñar a tu hijo a ser justo es explicarle que todos los seres vivos tienen derecho a ser respetados, a ser tratados con dignidad, etcétera. Aliéntalo a cuidar su medio ambiente, a adoptar a una mascota y a prestarle ayuda al necesitado.

  3. Ayúdalo a que practique sus criterios morales.
    Una vez que se ha explicado a un niño qué es correcto y qué es incorrecto, necesita tener la oportunidad de ponerlo a prueba. Hazle preguntas como qué es más justo hacer ante tal situación, qué haría en el lugar de tal personaje o qué pasaría si nadie siguiera las reglas. Y déjalo tomar sus propias decisiones al respecto.

  4. Pregona con el ejemplo.
    Date tiempo para analizar tu comportamiento y aprovechar las ocasiones en que tengas un dilema moral para darle un buen ejemplo a tu hijo. También observa qué prejuicios tienes, a veces se dice sin pensar frases como: “es un indio ignorante”, “tenía que ser mujer”… las cuales fomentan la desigualdad y discriminan a los individuos.

  5. Enséñale a autocontrolarse.
    Una lección muy importante para los niños es entender que no siempre se puede hacer o decir lo que uno quiere. Los niños tienen que comprender la necesidad de tener límites y cómo, finalmente, ayudan al bienestar de todos. Permite que explore e imagine situaciones sin límites como qué pasaría si alguien se comiera todo el chocolote que quiere, le dolería el estómago, no podría compartir, etcétera.

Balazos:

       -Si tú respetas a tus hijos y los tratas con justicia, ellos aprenderán de forma natural a ser justos

       -Pregona siempre con ejemplo y recuerda: pesa más lo que haces que lo que dices

 

 

 

¿CÓMO ES EL CEREBRO DE MI BEBÉ Y PARA QUÉ NECESITO SABERLO?

Por Raquel Azses

 

 

Los seres humanos dependemos de los padres durante mucho tiempo si nos comparamos con los animales; esto se debe a que el cerebro humano requiere mucho mayor tiempo de maduración que el de la mayoría de las especies.

Un recién nacido muestra un limitado conjunto de capacidades si las comparamos con las que irá adquiriendo con el transcurso de los años. Y la mayoría de habilidades que posee están relacionadas con su supervivencia, por ejemplo, succionar para poder alimentarse, llorar para atraer la atención de su madre, etcétera.

Esta total indefensión es consecuencia de un cerebro en formación. Pero esta circunstancia conlleva una enorme ventaja: el bebé será capaz de adaptarse mucho mejor al entorno y a las circunstancias cambiantes. . 

Cuando un bebé nace, su cerebro es un enorme conjunto de neuronas a la espera de formar la intrincada estructura cerebral que de adulto le permitirá hablar, leer, razonar y sentir. Pero hay billones de neuronas que aún no han sido activadas y que tienen la potencialidad de formar parte de cualquier proceso cerebral futuro. El máximo desarrollo neuronal coincide con la etapa que va desde el nacimiento hasta los tres años de edad, para luego decrecer y prácticamente extinguirse a la edad de seis años. A partir de ese momento, las interconexiones neuronales del cerebro ya están establecidas y los mecanismos de aprendizaje se asemejan a los de un adulto.

Además de la importancia de las neuronas, son fundamentales las conexiones que entre ellas se establecen para formar los circuitos o redes neuronales. Si bien una neurona aislada realiza una misión simple, millones de ellas interconectadas entre sí son capaces de realizar las más complejas tareas. Es el conjunto de neuronas y sus conexiones lo que establece la auténtica potencialidad del cerebro humano.

Para aprovechar esa capacidad hay otro factor que es el verdadero responsable del complejo entramado de neuronas y conexiones: el entorno. Son los cientos de miles de estímulos externos que recibirá un bebé en sus primeros años lo que acabará de perfilar sus circuitos cerebrales.

La experiencia durante los primeros años de vida no son tan sólo recuerdos, sino que es fundamental en la construcción del cerebro. Es necesario proporcionar los estímulos adecuados durante un periodo de tiempo preciso para que la estructura cerebral se forme correctamente.

Al parecer nuestro cerebro actúa bajo el principio "úsalo o piérdelo para siempre". Si no se produce la estimulación de un área a tiempo, las neuronas mueren y ya no resulta posible recuperar esa función.

Ahora sabemos que podemos influir positivamente en el desarrollo neuronal de nuestros hijos; pero, el tiempo que tenemos para ello es limitado. Es una especie de carrera contra reloj en la que no hay una segunda oportunidad. No obstante en la sociedad actual el número de estímulos que recibe un niño es mucho mayor que en cualquier época pasada. Hoy llevamos a nuestros bebés a nadar, oímos música en todas partes, los paseamos en coche (lo que resulta muy adecuado para la estimulación del sentido del equilibrio, por cierto), escuchan idiomas diferentes, se relacionan con otros niños desde pequeños y practican un sinfín de actividades más que, sin duda, contribuyen a enriquecer las conexiones neuronales.

La estimulación temprana es una herramienta que posibilita el desarrollo del cerebro de tu bebé. Tiene por objetivo aprovechar esta capacidad de aprendizaje y adaptabilidad del cerebro en beneficio del bebé. Mediante diferentes ejercicios y juegos su intención es la de proporcionar una serie de estímulos repetitivos, de manera que se potencien aquellas funciones cerebrales que a la larga resultan de mayor interés. No sólo se trata de reforzar aspectos intelectuales, como su capacidad para la lectura o el cálculo matemático, sino que la estimulación temprana también considera los aspectos físicos, sensoriales y sociales para el desarrollo de las diferentes inteligencias.

No hay límites por lo que a estimulación se refiere, algunas sugerencias son: fomentar la lectura desde edad temprana, facilitar el conocimiento de otros idiomas o iniciarlos en el razonamiento lógico y matemático, la utilización de música clásica (Mozart, Vivaldi, Bach, entre otros), limitar los videojuegos y la televisión para dedicar ese tiempo a otras actividades, entre otros.

Desde luego, la decisión de poner en práctica un plan de estimulación temprana es absolutamente personal. Pero debes tener en cuenta que la maleabilidad del cerebro decrece rápidamente con la edad.

Balazos.

-Los estímulos externos que recibirá un bebé en sus primeros años son lo que acabarán de perfilar sus circuitos cerebrales
-El máximo desarrollo neuronal va desde el nacimiento hasta los tres años de edad

 

 

 

 

Cargar a tu bebé:
¿Es malcriarlo o estimularlo?

Por Raquel Azses

 

 

 

Hay la creencia de que cargar al bebé cuando llora o darle de comer fuera de su hora es “malcriarlo” o dejarse manipular. Algunas  normas sociales, médicas o familiares indican que a los niños hay que cargarlos lo mínimo necesario para su higiene y alimentación para que “no se echen a perder”.

Los  niños criados a la vieja usanza eran amamantados a discreción, transportados en proximidad constante con la madre, compartiendo la misma cama con la madre; los de hoy son alimentados en biberón, empujados en carritos, alejados de sus padres por la noche. En las unidades de neonatología  de la civilización occidental moderna hay muy pocas posibilidades de recibir el consuelo. El recién nacido, cuya piel está pidiendo a gritos volver a sentir aquella carne suave, cálida y viva con la que estaba en contacto, es colocado en una caja y dejado ahí, por más que llore, en un limbo donde no hay el menor movimiento (por primera vez en toda la experiencia de su cuerpo, en los siglos de evolución o en la eternidad vivida en el útero).

Marshall Klaus y John Kennell desde 1976 descubrieron que para los humanos, igual que para otros mamíferos, hay un "periodo sensitivo", justo en el instante del nacimiento, en el que madres e hijos están programados para beneficiarse mutuamente del contacto. Los estudios demuestran que toda cría mamífera necesita un contacto físico constante. 

Cuando nacemos, el principal plan que tiene la naturaleza para nosotros es que podamos sobrevivir. Para ello nos "apega" con las personas que nos cuidan. Por eso es tan importante que los bebés demanden atención  cuando no estamos cerca y por ello es tan importante que nosotros intentemos satisfacer sus necesidades más urgentes (alimento, sueño, higiene, contacto…), sólo así se crea un apego seguro entre el niño y sus padres: el niño se da cuenta que tiene personas que lo quieren y lo cuidarán pase lo que pase.

El bebé no pretende tomarnos el pelo, simplemente tiene necesidades físicas o afectivas que al ser cubiertas les proporcionan la seguridad básica de la supervivencia, necesaria para su desarrollo emocional, intelectual y físico.

Al atender esas necesidades se logra  dejarle bien claro de manera implícita al bebé que "siempre" estaremos con él, que "siempre" lo querremos y lo cuidaremos, aunque a veces no nos guste "exactamente" lo que hace. Eso es la base de una personalidad segura, independiente y con una autoestima capaz de soportar altibajos y adversidades.
Según la psicóloga A. N. Schore, el "vínculo" o "apego" maternal afecta directamente a la parte derecha del cerebro, que regula todos los mecanismos relacionados con el control de las emociones y con el desarrollo de la memoria.  Shore sostiene que la separación prematura puede impedir el "desarrollo óptimo" del cerebro en esa etapa crucial que va de los cero a los tres años. La proximidad física padres-hijos, en cambio, redunda directamente en la inteligencia, en la capacidad motriz y en el equilibrio emocional.

Como conclusión, parece ser que tocar y abrazar a los bebés es una de las mejores cosas que se pueden hacer para garantizar su correcto desarrollo emocional y afectivo y toda una inversión para el futuro: está escrito en el instinto de cualquier mamífero saludable. Así que, como alguien decía una vez: “cree en el llanto de tu hijo, abrázalo, consuélalo, tenlo cerca de ti y no le niegues ni un solo abrazo, ni una sola vez le escatimes tu contacto”, porque para un bebé pequeñito el ansia de ser tocado puede ser tan apremiante como la necesidad de comer.

Libro recomendado:

Stadlen, Naomi, Lo que hacen las madres: sobre todo cuando parece que no hacen nada, Editorial: Urano

 

 

 

 

Cómo fomentar la alegría en casa

por Laura Espinosa

 

Fomentar la risa y el buen humor en el hogar favorece el buen desarrollo emocional, social y físico tanto de los papás como de los hijos

Mantener la disciplina y el orden no se contrapone a un ambiente feliz. No es necesario adoptar una actitud seria y agresiva para hacerse respetar, los niños obedecer más si las tareas parecen divertidas, que si se les impone con rudeza.

El sentido del humor, por ejemplo, denota inteligencia y enfrentar los problemas de la vida cotidiana sin tanta seriedad hacen más llevaderos los momentos e incluso ayuda a superarlos con mayor facilidad.

Aunque la risa y la alegría parecieran inherentes a la infancia, lo cierto es que pueden ser fomentadas por los padres de familia y los educadores sin importar si son o no personas graciosas.

Consejos para fomentar la alegría en tus hijos

  • Proyecta una actitud alegre mientras realizas tus labores y obligaciones.
  • Cuenta anécdotas familiares graciosas o reúne historias o fotografías divertidas para compartir con la familia.
  • Busca actividades que realmente sean divertidas para ti y tus hijos y realícenlas juntos.
  • El sentido del humor de tu hijo puede ser muy distinto al tuyo, permite que lo exprese a su manera.
  • Ríe con tus hijos de sus chistes y sus anécdotas graciosas. Comparte las tuyas con ellos.
  • Trata de hacer entretenidas y divertidas las actividades cotidianas.
  • Explica a tu hijo cómo el mal humor afecta el ambiente, baja el ánimo y nos hace sentir mal, y cómo, en cambio, la alegría nos llena de energía.

La risa de tu bebé

Desde los primeros días de nacido, el bebé aprende a manifestar su alegría mediante de sus primeras sonrisas hasta lograr reír a carcajadas. Los niños van desarrollando su sentido del humor desde bebés, y poco a poco se va volviendo más sofisticado.

La risa es una característica propia del ser humano, al reír todo nuestro cuerpo se ve beneficiado: el sistema respiratorio, el sistema inmunológico y nuestro cerebro segrega una hormona que nos hace sentir llenos de bienestar.

Además, es posible reducir el estrés por medio de la risa así como sentirnos reconfortados y más felices. Los bebés y los adultos disfrutan de los beneficios de la risa.

Evolución de la risa del bebé

Recién nacido

Los bebés sonríen desde recién nacidos, al principio es sólo un reflejo que para los papás resulta una mueca encantadora. Sus primeras sonrisas son productos de la contracción de la parte inferior de la cara.

Un mes de nacido

Cuando el bebé cumple su primer mes de nacido, ya son capaces de sonreír de verdad, en sus ojos se refleja felicidad al ver una cara conocida, al escuchar la voz de mamá o cuando están siendo amamantados. Su cara resplandece con una cautivadora sonrisa de oreja a oreja.

Cuatro meses de edad

Al transcurrir los meses, el bebé comienzan a reír, sus primeras risas son ruiditos como gorjeos. Ya tiene mayor control sobre los músculos de su cara y empieza la maduración de sus cuerdas vocales.

Ocho meses de nacido

Cuando llega a los ochos meses de edad ya suelta carcajadas mientras juegas con él, cuando está contento o cuando ve algo divertido. Su risa es contagiosa y alegre.

No dudes en motivar a que tu bebé ría, juega con él siempre que puedas y de esa manera ayudarás a su buen desarrollo tanto físico como emocional. Compartir con ellos la experiencia de reír puede convertirse en los momentos más inolvidables de la infancia, los cuales los ayudarán a ser adultos más felices y completos. Vale la pena ¿no?

 

 

 

La discapacidad infantil

por Mónica Medrano Limón

 

 

¿Qué es la discapacidad?

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, se entiende por discapacidad cualquier restricción o impedimento de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal para el ser humano. La discapacidad se caracteriza por excesos o insuficiencias en el desempeño de una actividad rutinaria normal, los cuales pueden ser temporales o permanentes, reversibles o surgir como consecuencia directa de la deficiencia o como una respuesta del propio individuo, sobre todo la psicológica, a deficiencias físicas, sensoriales o de otro tipo.

La discapacidad puede ser:

-Física: que son las alteraciones más frecuentes, las cuales son secuelas de poliomielitis, lesión medular (parapléjico o cuadrapléjico) y amputaciones.
-Sensorial: personas con deficiencias visuales, sordos y quienes presentan problemas en la comunicación y el lenguaje.
-Intelectual: disminución de las funciones mentales superiores (inteligencia, lenguaje, aprendizaje, entre otros), así como de las funciones motoras. Abarca toda una serie de enfermedades y trastornos, dentro de los cuales se encuentra el retraso mental, el síndrome down y la parálisis cerebral.
-Psíquica: alteraciones neurológicas y trastornos cerebrales.

La aceptación

Ante la llegada de un niño discapacitado es inevitable que los padres reaccionen con un sentimiento de miedo, temor, incertidumbre y se cuestionen: ¿por qué a nosotros? y no encuentren respuestas. Pueden aparecer sentimientos de culpabilidad y de agobio por no saber qué hacer, cómo organizarse y sobre todo, cómo aceptar con humildad y conformidad ante la vida, la nueva situación.

Aceptar un hijo con discapacidad significa conocerlo, asimilar sus limitaciones y buscar permanentemente sus valores. Aceptar no es avergonzarse de sus torpezas, es saber esperar, sin ansiedad, sin exigir lo que no puede dar, pero sin claudicar en la tarea de enseñar con amor. Aceptarlo es educarlo cada día, cada hora, cada minuto con el corazón optimista y con mucha fe.

Hay circunstancias en la vida que permiten ser factor de ayuda de ese pequeño que tanto necesita y que por diferentes razones nació en nuestro hogar. La ayuda profesional es muy importante porque le permitirán fortalecer muchos aspectos o bien estimular capacidades que lo ayudarán a insertarse como todos en la sociedad, así que debemos buscar para él servicios y atención especializadas.

Puedes acudir a:

INSTITUTO NACIONAL DE PEDIATRÍA
Insurgentes Sur 3700 Letra "C", Col. Cuicuilco, Del. Coyoacán, México, D.F.
Tel. 1084-0900

HOSPITAL INFANTIL DE MÉXICO FEDERICO GÓMEZ
Calle Dr. Márquez no. 162, Col. Doctores, Del. Cuauhtémoc, México, D.F.
Tel. 5228-9917

En estas instituciones se atienden especialidades tales como: hematología, cardiología, otorrinolaringología, audiología, etcétera.

INSTITUTO MEXICANO DE LA AUDICIÓN Y EL LENGUAJE (IMAL)
Av. Progreso no. 141-A, Col. Escandón, México, D.F.
Tel. 5277-6520

INSTITUTO DE LA COMUNICACIÓN HUMANA (INCH) E INSTITUTO NACIONAL DE REHABILITACIÓN (INR)
Av. México Xochimilco no. 289, Col. Arenal de Guadalupe, Del. Tlalpan, México, D.F.
Tel. 5999-1000
www.cnr.gob.mx

HOSPITAL GENERAL DOCTOR MANUEL GEA GONZÁLEZ
Calz. Tlalpan no. 4800,m Col. Sección 16, México, D.F.
Tel. 4000-3000
En esta institución se atiende principalmente el labio y paladar hendido.

PÁGINA DEl TELETÓN
www.teleton.org.mx
En esta página encontrarás los datos de todos los CRIT, que están en la república mexicana, además, tiene información importante, e incluso puedes chatear con especialistas o informarte de la situación de otros niños.

Sin duda, el pilar de la acción educativa es la familia, generadora de contención, estimulación y, sobre todo, de afecto y de la alegría de vivir.

El niño con discapacidad necesita imperiosamente de esa alegría del hogar, de saber que él no es motivo de angustia y dolor en la familia, por el contrario que puede generar emoción, aceptación y unión entre los integrantes del seno familiar, y así podrá desarrollarse física y mentalmente sano.

Cuando el niño crece con esta seguridad interior que se le transmite desde el hogar, a pesar de sus dificultades físicas o mentales, su vida es más sencilla y feliz, porque se sustenta sobre los valores trascendentes del amor, la solidaridad y la humildad. De esta manera, el niño sabrá que, pase lo que pase, su familia está para protegerlo y acompañarlo en la vida.

Para hablar del tema de una manera más viviencial, queremos compartir con ustedes el testimonio de una madre con una familia especial que nos platica cómo es su vida.

En todas las familias la llegada de un nuevo integrante es motivo de alegría, sueños y esperanza. Se espera con sonrisas, un cuarto o espacio decorado especialmente para el bebé, una cuna, chambritas, mamelucos, juguetitos, ¡ah!, y no puede faltar el baby shower, donde se reúnen familiares y amigas para dar los mejores deseos y, por supuesto, un regalito que sirva mucho al nuevo bebé.

Cuando llega un bebé se involucra a papás, hermanos, tíos y abuelos, cuando la llegada es de un bebé especial, definitivamente se reduce a papás y hermanos, si los hay, ya que es a ellos a quienes su vida cambiará notablemente.

Yo tengo la fortuna de tener tres hijos varones, de 10, cinco y dos años, los tres son muy especiales, sin embargo tengo la misión de cuidar a un niño más especial que es el de cinco años.

Cuando mi hijo nació, lo único que no se discutió fue su nombre, ya que desde antes de concebirlo ya sabíamos que si era niño se llamaría Moisés, sin embargo todo en él era situación para hablarse y discutirse, ya que al nacer, su rostro tenía labio y paladar hendido y a los cinco días de nacido se le diagnosticó cardiopatía congénita severa, que al poco tiempo se le añadió, no quirúrgica.

Toda esa familia ilusionada, que celebraba en un baby shower y que te sobaba la pancita para la buena suerte, se concretó a los papás del bebé, los hermanos, los tíos y los abuelos. Toda persona puede sentir algo al ver o saber de una criaturita recién nacida con pronóstico reservado, pero la verdadera familia no siente pena por él, y se une a la lucha y apoyo para que salga adelante con la mejor calidad de vida posible, ya que la cantidad no entraba en la "ley de la vida" o de lo predecible. Un mes estuvo mi bebé en el hospital. Yo lo visitaba todas las mañanas, como aún no podía manejar, mi mamá me llevaba, y por las tardes mi esposo lo visitaba. Recuerdo un comentario del pediatra en el que expresó su asombro, ya que nunca había visto a un padre que llegara a ver a su hijo todas las tardes, con una gran sonrisa, siempre optimista.

¿Qué pasa con la familia? Se une, y trabaja como un equipo, es lo mejor creo yo, que puede hacerse, ya que le dan fuerzas al pequeño y a sus padres, que créanme, lo necesitan y mucho.

Cuando el bebé salió del hospital, honestamente me temblaban las piernas pero al mismo tiempo sentía gran emoción y alegría, sobre todo porque mi otro hijo por fin conocería a su hermanito.

El plan familiar sólo es uno, darle al niño gran calidad de vida, llevarlo al cine, darle comida chatarra, mandarlo a la escuela, pasear por el parque, andar en bicicleta, e incluso regañarlo cuando sea necesario. Claro que hacer todas estas actividades con él son diferentes a que si mis tres hijos estuvieran totalmente sanos, ya que para nosotros es rutinario que Moy la mayoría de las veces traiga cubrebocas; evitamos darle cosas frías y cuando corre o juega y se agita, sólo le damos su tiempo para que él solito se recupere y siga jugando, siempre viendo las cosas de manera natural, tanto mi esposo y yo como sus hermanitos.

Cuando Moy nació, una cuñada, con otro hijo especial, me dijo, bienvenida al club de las mamás especiales; yo, en ese momento no alcancé a entender lo importante de sus palabras, ahora sé que la bienvenida no sólo debía ser para mí sino para toda la familia.

Debido a su padecimiento, Moy tiene un rostro diferente, que llama la atención, su voz y sus palabras tienen un sonido distinto; algunas veces es difícil de entender, su color de piel también es diferente y obviamente al salir a la calle algunas personas voltean. Al principio nos incomodaba un poco, la verdad ahora no le ponemos tanta atención, e incluso hemos aprendido a manejar situaciones y dar respuestas a niños y adultos que llegan a preguntar algo.

Creo que al tener un hijo especial cambian muchas cosas alrededor de la familia, y lo que hemos hecho es tratar a Moy como otro hijo más, y así sus hermanos lo ven igual, en la medida de sus diferencias o limitaciones, la familia debe adquirir seguridad y mucha fortaleza para transmitírsela al niño.

En nuestro caso, cuando Moy se interna en el hospital todo se ve afectado, yo estoy desde temprano en el hospital con él, mi esposo en las noches, y mis otros dos hijos son cuidados por sus abuelos maternos; yo regreso a verlos en la noche y debo checar tareas, jugar y reír con ellos, ya que ellos también necesitan y merecen su tiempo.

Se viven dualidades en un mismo día. Por la mañana estás en el hospital entre médicos y otros niños enfermos, muchos de ellos muy graves, y por la tarde estás en la natación o el Tae Kwon Do donde la vitalidad y alegría de los niños es contrastante.

Jamás hemos hecho como otras familias, que desgraciadamente deciden esconder o no sacar de la casa al niño; Moy ha tenido una vida normal en la medida de sus posibilidades y le hemos dado lo que en ningún hospital, monitoreado y vigilado le podrían dar, amor.

Tener un hijo especial no es fácil, sobre todo al principio, en mi caso, como la mamá, he aprendido mucho y valorado aún más lo que tenemos; mis prioridades se han jerarquizado de manera diferente.

Oír toser a un niño sano o que te diga que le duele la cabeza, no es igual a cuando te lo dice un hijo especial, tu intuición se revoluciona al doble y tus sentidos se maximizan para detectar cualquier situación peligrosa o de alarma. Con el tiempo, toda la familia aprende a vivir con esto de manera muy natural, se ve la vida con un tono distinto y algo que en nuestra familia desde un principio se estipuló fue: la gente no se va a adaptar a nosotros, somos nosotros los que nos vamos a adaptar a la gente, y bajo este principio decidimos qué hacer, a dónde ir o cómo hacerlo, y aunque parezca muy complicado yo doy gracias a Dios por la familia que tengo, ya que así los cosas han sido más fáciles.

 
 

 

¿Cómo enfrentarse a una separación o a un divorcio teniendo hijos?

Por Raquel Azses

 

Hoy en día son muchas las familias afectadas por procesos de separación y divorcio. Tristemente, esta situación ha dejado de ser excepcional para pasar a ser bastante habitual

Cuando la separación es un hecho y no hay vuelta atrás, tomar los recaudos necesarios para disminuir el efecto de la ruptura marital en los hijos debe ser la prioridad número uno para los padres. Hay que recordar que no hay nadie mejor que los padres para ayudar a sus hijos a transitar la crisis.
Cuando este proceso comienza, suceden varias cosas al mismo tiempo:

  • Por un lado, se produce un efecto emocional para los padres por lo que a ellos mismos les ocurre, que supone una ruptura sentimental, y por el miedo de cómo toda esa situación repercutirá en sus hijos.
  • Por otro lado, cuando un niño se entera de que sus papás se separan hay un gran desconcierto y la dificultad que producen los cambios familiares, por lo que podría negarse a admitir que la situación de la familia cambie, tener miedo, sentirse desprotegido, ansiedad por la incertidumbre y sentimientos de culpa.

Es importante que los padres en proceso de separación o divorcio sepan cuáles son las reacciones más comunes de los chicos y cómo actuar.

Las reacciones y sentimientos de los niños dependen de diferentes factores: edad, explicaciones recibidas, continuidad de la relación con ambos progenitores, acuerdos o desacuerdos entre los padres, grado de hostilidad entre los mismos, intervención de otros adultos, etcétera.

Entre los tres y los cinco años:

  • Es común que esperen la reconciliación durante varios años.
  • Pueden creer que son los responsables por el divorcio y actuar como si hubieran hecho algo malo.
  • Pueden desarrollar conductas regresivas como orinarse en la cama, succionar el pulgar, hablar como bebé o portarse mal.
  • Pueden tener miedos (a no ver más al padre, a que el otro lo abandone, a que los padres dejen de quererlo, al rechazo).
  • Es probable que manifiestan enojo, tristeza, depresión, baja autoestima.

De seis a ocho años:

  • Piensan que sus progenitores se volvieron locos, sienten miedo, angustia y desconcierto; están confundidos, tratando de comprender quiénes son y adónde pertenecen, sienten que sus padres son egoístas y los han traicionado por no haber conservado la familia.
  • Los niños se sienten solos, impotentes, profundamente tristes, pero también con rabia y enojo.
  • A menudo están tristes, distantes y esquivos aunque les vaya bien en la escuela. Los síntomas incluyen mal humor, enojo y peleas. Habitualmente estos síntomas no son considerados una evidencia de depresión pero generalmente los son. Los chicos cuando se deprimen se vuelven irritables, contestan mal, no escuchan y hasta sobresaltan con exabruptos. Cuando la depresión no se detecta y orienta, estas conductas empeoran dejando perplejos y sin saber qué hacer a los padres y a los maestros.
  • Idealizan al padre ausente y se preocupan por él, además rechazan al padre o madre con el cual conviven.
  • Anhelan volver a unir a sus padres.

Podemos hacer muchas cosas para que la separación no tenga graves consecuencias en ningún miembro de la familia. Para ello, es recomendable atender varios asuntos a la vez:

  • El padre y la madre, cada uno por su cuenta, debe ocuparse de su propio bienestar físico, mental, emocional, familiar, social, económico, etcétera. La mejor manera de ayudar a los hijos en este proceso es por medio del autocuidado. Los hijos perciben todo, nos percatemos o no, mientras mejor maneje la situación cada uno de los padres, menores serán las repercusiones en los niños. Por más que uno quiera hacerse el “fuerte”, los niños perciben mucho más de lo que ven y de lo que oyen.
  • La pareja, por su cuenta, tiene que aprender a resolver los conflictos y a hacer negociaciones sanas para la mayor parte de la familia y madura. Tienen que estar firmes en trabajar como equipo de padres, mientras resuelven asuntos pendientes de pareja.
  • Cuidar a los hijos evitando que sean el trofeo de los padres. No es necesario competir quién es, ha sido o será mejor padre, o por el contrario, por encontrar la manera de demostrar cuan ineficiente o inadecuado es el otro progenitor. Los niños necesitan de ambos, con sus virtudes y defectos. Hay que permitir que cada hijo con cada papá o mamá tengan su propia relación sin inmiscuirse.
  • Explicar al niño las causas de la separación acorde con su edad de manera simple. Es importante evitar detalles de los conflictos que sólo competen a la pareja.
  • Mantener el estilo de vida de los niños, respetando sus rutinas lo más posible. Procurando que el niño vea a los padres, aunque no vivan bajo el mismo techo. Decirle y demostrarle que sus padres, aunque no estén juntos, lo quieren a él por encima de todo.
  • En caso de que alguno de los padres ya tenga una pareja nueva, no comunicarlo por un tiempo a los hijos. Ellos tienen otro ritmo de adaptación que es necesario respetar.

Lo ideal es atenuar cualquier consecuencia nociva para que éstas no acarreen un daño irreversible en su desarrollo, así como, alcanzar una reorganización familiar viable, lo cual es crucial para todos los miembros de la familia.

MENSAJES CLAVES PARA RECORDAR AL NIÑO

    • La decisión de separarse es exclusivamente de los padres, los hijos no han tenido nada que ver en esta decisión.
    • Los padres no se han separado porque el niño se haya portado mal.
    • Seguirá disponiendo de ambos padres, en todos los aspectos que él precise, aunque ya no vivan juntos.
    • Siempre que le preocupe algo o se sienta mal, podrá hablar con ambos padres.
    • Aunque los padres se hayan separado, el niño puede igualmente amar y ser amado.
     
     

     

    MADRES ANSIOSAS

    Por Cecilia Pérez Calderón

     

    Cada madre sabe que ésta es una noble y amorosa, pero ardua vocación sin descanso. Ante todo procura mantenerse fuerte y segura de sí misma frente a los hijos. Pero es natural que detrás de esa fortaleza haya dudas y miedos permanentes. Encontrarte frente a otra madre que te dice sus y tus mismos miedos, que te entiende, que sabe lo que vives, y lo que sientes porque ella se siente igual, puede ser de gran utilidad para tu propia seguridad y por lo tanto la de tu bebé. 

    Mi trabajo diario en el centro de estimulación temprana me ha permitido percibir muchas inquietudes por parte de las madres (y en algunas ocasiones de los padres). Nunca hubiera imaginado que además de ser un centro dirigido al desarrollo de habilidades de los niños, también es un lugar donde las madres descargan gran cantidad de sentimientos, ideas, dudas, expectativas y fantasías con respecto a “lo que se dice”, y lo que verdaderamente se vive al ser madre. Las primeras clases llegan al centro de estimulación con su bebé muy atentas a todo, muy observadoras de las demás, y comentan poco entre ellas. Pero en cuanto empiezan a salir dudas de cómo le hace la otra para esto y otro, o comentan algún punto, de pronto hablan y empiezan a salir tantas cosas, que pareciera como si ya nada pudiera detenerlas. Al darse cuenta que todas viven las mismas angustias, los mismos miedos, se topan con la grandiosa realidad tranquilizadora de que no son las únicas que viven así, y por tanto hay otra igual de “exagerada” o “aprehensiva”.

    Ciertamente, todas las ideas que se hace una madre durante el embarazo serán algún día refrenadas o atenuadas por la realidad. Al llegar esa realidad, las ideas y expectativas causan ciertas inquietudes y dudas, que sin darse cuenta de un momento a otro, en el fondo generan culpas y conflictos.

    Como cualquier persona, una madre también busca explicaciones que calmen estas angustias, miedos o aquellos sentimientos de incompetencia. Pero pareciera ser que no sólo basta con recurrir al médico, a los libros, o a las sabias palabras de la abuela que ayudan a calmar.

    ¿De qué manera puedes calmar esa ansiedad generada por los conflictos, las expectativas y las culpas?

    Como seres humanos necesitamos identificarnos con grupos sociales, con cierto estilo de vida, para poder ser y pertenecer. La identificación con los otros nos permite valoración, seguridad, reconocimiento y, por tanto, mucha tranquilidad de saber que no estamos solos, y que otras personas se encuentran en la misma situación o al menos en una similar.
    Aunque pertenezcamos a ciertos grupos de manera involuntaria, con los cuales no necesariamente nos identificamos, muchas veces es necesario buscar esas personas que se encuentren en el mismo camino.

    COMPARTE CON OTRAS MADRES

    Compartir tus experiencias como madre, con otras madres, y saber que todas viven situaciones similares, además de proporcionarte mucha tranquilidad y seguridad, puede ser un espacio de retroalimentación e intercambio de ideas. La seguridad de cada individuo es algo por lo que se trabaja día con día, y todo lo que tú como mujer y como madre construyas para lograrla, se verá totalmente reflejado en el vínculo que tengas con tu bebé. Por tanto, favorecerás su propia tranquilidad, confianza y seguridad, desde ese primer inicio de su vida, en el cual se van aplicando ciertos elementos claves para su futuro.

    HABLAR Y ESCUCHAR: LA CLAVE PARA ENTENDER Y ASIMILAR

    Convivir con otros implica hablar y escuchar, por tanto escucharte, y asimismo descubrirte, construirte en lo nuevo, y reconstruirte sobre lo viejo. Hablar es la mejor manera para poder identificar los sentimientos y sus causas. Poner en palabras ayuda a ubicar y distinguir, de donde viene y qué es eso que sientes. Hablar es una gran herramienta para soltar expectativas y paradigmas, que muchas veces nos encajonan sin dejarnos tranquilos, así como también es la mejor manera para reacomodar, desenmarañar, entender y asimilar tus pensamientos y tus sentimientos.

    Es por eso que te recomiendo buscar un espacio y un tiempo donde puedas hablar con otras madres. Y más que una pérdida de tiempo, o un hablar por hablar, en algún momento te darás cuenta que se vuelve una necesidad primordial para ti como individuo, para tu bebé y para el vínculo entre ambos. Asimismo, encausarás un ambiente mucho más sano dentro de tu familia.

    ¿Sabías que el gobierno de Suecia proporciona las facilidades a todas las mujeres, desde el embarazo hasta el periodo posparto, para que acudan a un grupo de madres que se encuentren en el mismo mes, con el objetivo de evitar depresiones o trastornos emocionales?

     
     

     

    JUGAR: ACTIVIDAD NECESARIA QUE REFUERZA LAS RELACIONES FAMILIARES

    Por Raquel Azses

    Hoy en día se viven ritmos muy acelerados, todos estamos llenos de actividades, todo es rápido y de prisa. Esto hace que las relaciones familiares se vayan desarrollando de manera superficial y rutinaria. Pareciera que en el día a día siempre ocurriera lo mismo. La vida cambia aunque siempre hagamos lo mismo. Es importante encontrar espacios de convivencia en familia, que rompan con la rutina, fomenten la comunicación y nos ayuden a conocer que está sucediendo con cada miembro. Esto incluye que los hijos aprendan que a los papás también nos pasan cosas.

    Una manera de lograr esto es encontrando tiempos durante la semana para jugar en familia. Jugar en familia es la mejor manera de reforzar las relaciones entre los miembros del hogar; por medio del juego expresamos emociones, sentimientos, afecto y fortalecemos los lazos de unión entre las personas que participan. Al jugar las cosas serias de la vida pueden expresarse con mayor facilidad.

    El juego reúne a la familia y refuerza vínculos afectivos. Conflictos escondidos pueden salir durante el juego y es un buen momento para aprender a resolverlos. Compartir y jugar con los hijos, por lo menos en un momento del día, es útil para favorecer la comunicación y la cohesión familiar. No es la cantidad de tiempo que se les brinde, sino la calidad de estos momentos.
    El juego estimula la creatividad, la socialización y es un medio importante de comunicación para los niños. Si observamos el juego de nuestros niños podremos conocer sus habilidades, sus gustos, preferencias, capacidades y sentimientos; el juego es la manera por la cual el niño se comunica y canaliza sus emociones. Estas características que han sido delegadas profundamente al juego infantil son aplicables también a las personas adultas. Podemos negar que cuando jugamos nos sentimos relajados, nos divertimos y hasta nos olvidamos de nuestras preocupaciones, pero jugando en familia desarrollamos aspectos de vital importancia, nos acercamos y comunicamos más, mostramos nuestras emociones y afectos; todo en un ambiente de diversión y espontaneidad, y es que para jugar sólo se necesita un momento de nuestro tiempo y las ganas de hacerlo.

    El juego puede llevarse a cabo con todos lo miembros de la familia juntos o en grupos acorde con la edad. De cualquier manera aunque las diferencias en edades sean grandes entre los hijos es recomendable realizar juegos en los que puedan participar todos los miembros de la familia con la finalidad de lograr una integración entre todos. En estos casos se recomiendan tiempos cortos de juego una o dos veces por semana, es mejor quedarse con las ganas de seguir jugando que saturar el tiempo del juego y que se torne en aburrido.

    Si hay en la familia falta de comunicación, de interacción, apoyo y unión, el juego puede ser el pretexto perfecto que necesitamos para establecer y fortalecer relaciones familiares armoniosas.

    Beneficios de jugar en familia:

    • El juego nos relaja, hace sentirnos libres, auténticos y espontáneos.
    • Favorece el encuentro, la unión familiar, la comunicación, la confianza y el afecto entre los miembros de la familia.
    • Ayuda a construir una relación familiar sólida y duradera.
    • Desarrollamos la autoestima de nuestros hijos, ya que sentirán que como padres dedicamos tiempo para divertirnos juntos.

    ¿Qué actividades o juegos se pueden realizar en familia?

    Cualquier tipo de juego que guste a quien lo juega, hijos y padres; lo importante es que disfruten de compartir ese momento. Los juegos pueden utilizarse en las actividades cotidianas o en momentos dedicados exclusivamente para jugar. Por ejemplo:

    • Aprovechando la hora de baño del niño, podemos jugar con él, soplando burbujas y cantando juntos melodías.
    • Podemos jugar a las escondidas y abrazarlo cuando nos encuentre.
    • Cuando los niños jueguen con carritos, muñecas o a la cocinita, aprovechemos para participar del juego y ser como un niño más; además de que esto nos refleja un espejo de cómo somos con ellos, es útil para aprender de nosotros mismos y reflexionar.
    • Se puede organizar un día para jugar mediante un deporte que guste a la mayoría de miembros de la familia.
    • Los juegos de cooperación promueven la unión y el apoyo entre los integrantes, por ejemplo, armar entre todos un rompecabezas gigante que puede ser elaborado mediante recortes de revistas, resolver crucigramas o armar frases a partir de palabras en desorden.
    • Los juegos de mesa son una excelente oportunidad para compartir en familia. Además de permitirle también aprender a competir, ganar o perder ayudarán al niño en su desarrollo social. Hay juegos de mesa para todas las edades a partir de los tres años de edad, es cuestión de encontrar los apropiados.
    • Actividades cotidianas como recoger la mesa o lavar los trastes, pueden ser una oportunidad para hacer equipos y hacer competencia, es una buena forma de involucrarse en las responsabilidades del hogar de manera divertida, aprendiendo a colaborar y repartiendo responsabilidades acorde con la edad de cada miembro de la familia.

    Al dedicar un tiempo para jugar en familia, no sólo pasarán momentos gratos con sus hijos, dejará huellas importantes en cada uno de los integrantes.

     
     

     

    Los niños necesitan límites

    Por Raquel Azses

     

    El establecimiento de límites es importante, ya que éstos ayudan a formar la identidad personal de los niños, son educativos y contribuyen a lograr la madurez psicológica. Tenemos que perder el miedo a limitar a los niños.

    Limitar no es aniquilar. Limitar es dar vida, si lo hacemos adecuadamente. El gran peligro reside en ver en los límites sólo su aspecto negativo-empobrecedor: lo que nos quitan y nos prohíben; sin embargo, los limites permiten al niño desarrollar resistencia a la frustración, muy útil y necesaria en la vida de cualquier persona.


    Los límites son educativos por que la realidad en sí misma nos limita, no somos omnipotentes y es bueno ir vislumbrando esto desde chicos. La realidad no es tan manipulable como los niños o los adolescentes pretenden desde su pensamiento mágico y egocéntrico. La vida muchas veces nos dice “no” y, si no sabemos aceptarlo, viviremos resentidos, frustrados y con sensación permanente de carencia, es decir con la idea equivocada de que “al mundo le falta darme”.


    Una disciplina eficaz a la hora de aplicar los límites a nuestros hijos es lo más importante. A veces se nos dificulta poner limites, hablamos demasiado, exageramos en la emoción, y en muchos casos, nos equivocamos en nuestra forma de expresar con claridad y con demasiada autoridad. Para lograrlo presentamos algunos consejos básicos:

    1. Es necesario que tengas objetividad

    Es frecuente oír de nosotros mismos y de otros padres expresiones como "Pórtate bien", "Sé bueno", o "no hagas eso", estas expresiones son demasiado vagas y podrían significar un sin de cosas. Nuestros hijos nos entenderán mejor si hacemos nuestras normas de una forma más concreta, un límite bien especificado dice a un niño exactamente lo que debe estar hecho: "Habla bajito en una biblioteca "; "Da de comer al perro ahora": "Agarra mi mano para cruzar la calle". De esta forma, tu hijo comprenderá con precisión lo que estás esperando de él y el límite será claro y objetivo.

    1. Ofrece opciones

    En muchos casos podemos dar a nuestros hijos una oportunidad limitada de decidir cómo cumplir las "órdenes". La libertad de oportunidad hace que un niño sienta una sensación de poder y control, reduciendo las resistencias. Por ejemplo: "Es la hora del baño. ¿Lo quieres tomar en la ducha o en la bañera llena?"; "Es la hora de vestirse. ¿Quieres elegir un traje, o lo hago yo? Ésta es una forma más fácil y rápida de decir a un niño exactamente lo que debe hacer, dándole al mismo tiempo la oportunidad de tomar decisiones a su alcance; esto es poner límites con libertad.

    1. Sé firme

    En cuestiones realmente importantes, cuando hay una resistencia a la obediencia, nosotros necesitamos aplicar el límite con firmeza. Un límite firme dice a un niño que él debe parar con dicho comportamiento y obedecer a tus deseos inmediatamente. Por ejemplo: "Ve a tu habitación ahora" o "¡Alto!, los juguetes no son para tirar".
    Los límites firmes se aplican mejor con una voz segura, sin gritos, y una seria mirada en el rostro. Los límites más suaves suponen que el niño tiene una opción de obedecer o no. Ejemplos de límites ligeros: "¿Porqué no lleva tus juguetes fuera de aquí?"; esos límites no son apropiados para momentos en los que se quiere que el niño actúe en un cierto camino; serás mejor cómplice de tu hijo si le aplicas un firme comando.

    1. Acentúa lo bueno

    Los niños son más receptivos a "hacer" algo que les ordenan. Directivas cómo el "no" o "para" dicen a un niño que es inaceptable, pero no explica qué comportamiento se espera de él. En general, es mejor decir a un niño lo que debe hacer ("Habla bajo"), antes que lo que no debe hacer ("No grites"). Los padres autoritarios dan más órdenes como "no", mientras que los demás están propensos a aplicar el orden con el término "hacer".

    1. Hazlo impersonal

    Cuándo decimos "quiero que te vayas a la cama ahora mismo", estamos creando una lucha de poder personal con nuestros hijos. Una buena estrategia es hacer constar la regla de una forma impersonal. Por ejemplo: "Son las ocho, hora de acostarse" y le enseñas el reloj. En este caso, algunos conflictos y sentimientos estarán entre el niño y el reloj.

    1. Explica las razones sólo cuando es necesario

    Cuando el niño entiende el motivo de una regla, como una forma de prevenir situaciones peligrosas para sí mismo y para otros, se sentirá más animado a obedecerla. De este modo, cuando se aplica un límite se debe explicar al niño por qué tiene que obedecer. Si el niño entiende la razón de la orden le estaremos ayudando a desarrollar valores internos de conducta o comportamiento: una conciencia. Antes de dar una larga explicación que puede distraer a los niños, manifiesta la razón en pocas palabras. Por ejemplo: "No muerdas a las personas. Eso les hará daño"; "Si tiras los juguetes de otros niños, ellos se sentirán tristes". A veces, el exceso de explicación confunde, especialmente cuando la explicación se convierte en una justificación. Es conveniente explicar con claridad y firmeza, en otras ocasiones puedes no explicar, simplemente hay que ordenar con suavidad.

    1. Sugiere una alternativa

    Cuando apliques un límite al comportamiento de un niño, intenta indicar una alternativa aceptable, se te percibirá menos negativo y él se sentirá que tiene menos desventaja. Por ejemplo, puedes decirle: "no sé si te gustaría mi maquillaje, pero eso es para mamá y no para jugar, aquí tienes un lápiz y papel en cambio". Otro ejemplo sería decir: "No te puedo dar un caramelo antes de la cena, pero te puedo dar un dulce después". Al ofrecerle alternativas, le estás enseñando que sus sentimientos y deseos son aceptables. Este es un camino de expresión más correcto.

    1. Sé consistente

    Una regla puntual para una efectiva puesta del límite es evitar una regla repetitiva. Una rutina flexible (acostarse a las ocho una noche, a las ocho y media en la próxima, y a las nueve en otra noche) invita a una resistencia y se torna imposible de cumplir. Las rutinas y reglas importantes en la familia deberían ser efectivas día tras día, aunque estés cansado o indispuesto. Si das a tu hijo la oportunidad de dar vueltas a sus reglas, ellos seguramente intentarán resistir.

    1. Desaprueba la conducta, no al niño

    Es necesario que dejemos claro para nuestros hijos que nuestra desaprobación está relacionada a su comportamiento y no directamente a ellos. En vez de decir "Niño malo" (desaprobación del niño) es más conveniente decir "No muerdas" (desaprobación de la conducta).

    1. Controla tus emociones

    Los investigadores señalan que cuando los padres están muy enojados castigan más seriamente y son más propensos a ser verbal o físicamente abusivos con sus hijos. Hay épocas en que necesitamos llevárnosla con más calma, y contar hasta 10 antes de reaccionar. La disciplina es básicamente enseñar al niño cómo debe comportarse. No se puede enseñar con eficacia si estás extremadamente emocional. Delante de un mal comportamiento, lo mejor es llevar un minuto de calma uno mismo, y después preguntar con calma, "¿que sucedió aquí?". Todos los niños necesitan que sus padres establezcan las guías de consulta para el comportamiento aceptable. Cuanto más expertos seamos en fijar los límites, mayor es la cooperación que recibiremos de nuestros niños y menor la necesidad de aplicar consecuencias desagradables para que se cumplan los límites. El resultado es una atmósfera casera más agradable para los padres y los hijos.

    Que no quede ninguna duda: el establecimiento de límites es esencial a la hora de educar, lo importante es ir aprendiendo cómo poner los límites. No podemos ser padres perfectos, pero sí podemos ir aprendiendo sobre la marcha, cuándo y cómo ir poniendo los límites; siempre hay posibilidad de aprender y corregir.