Jaime Cortina

Pediatra

 

PROBLEMAS ORTOPEDICOS EN LAS EDADES PEDIÁTRICAS

Tengo un bebé de dos años de edad, y hoy que se levantó de la siesta no quiso caminar, lo forcé un poco y empezó a cojear del pie izquierdo. ¿Qué debo hacer?

La mayor parte de los niños cuando cojean y no quieren caminar, deben tener algún problema y la mayor parte de las veces las causas son muy simples:

  1. Una ampolla en el pie.
  2. Una astilla en la planta del pie.
  3. Uñas enterradas o infectadas.
  4. Zapatos demasiado apretados.
  5. Una torcedura o tirón del pie.

Si se descartan estas opciones y el niño continúa cojeando, es necesario consultar al pediatra y/o al ortopedista pediátrico. Los problemas ortopédicos que el médico debe tener en mente son:

  1. Fractura o dislocación de la articulación del pie.
  2. Desplazamiento de la epífisis femoral (La epífisis femoral es el extremo del hueso que está en el músculo, donde están localizados los núcleos de crecimiento de los niños).
  3. El inicio de una enfermedad ósea o articular como la artritis reumatoide juvenil o una fiebre reumática.
  4. Infecciones del hueso o de la articulación.
  5. Sinovitis (inflamación de la cápsula sinovial de la cadera), que se presenta como consecuencia de una infección viral.
  6. Otras causas más raras:
    1. Enfermedad de Perthes.
    2. Enfermedad de Osgood-Shlatter.
    3. Dislocación congénita de la cadera
Cuando los niños cojean se deben estudiar exhaustivamente

Cuando los niños cojean se deben estudiar exhaustivamente y muchas veces es motivo de alarma;es muy importante un diagnostico temprano para proceder al tratamiento. En los casos de infección de las articulaciones de la cadera, rodilla y tobillo o de los tres huesos de la pierna (fémur, tibia y peroné), se debe hospitalizar al paciente para intervenirlo quirúrgicamente, inmovilizar la articulación y tratar con antibióticos por vía endovenosa.

 

¿Qué es la dislocación congénita de cadera? A una de mis tías no se la diagnosticaron a tiempo y siempre ha tenido que ver al ortopedista y continúa con muchos problemas.

La dislocación congénita de cadera es un padecimiento que ocurre en uno de cada 250 nacimientos al dislocarse una o dos de las cabezas del fémur. Esto significa que la cabeza del fémur queda fuera de la pelvis. Esta malformación ocurre más frecuentemente en las niñas que en los niños, y tiene un factor hereditario importante; es más frecuente en los partos pélvicos. El mecanismo para la dislocación es que en algunos o algunas bebés, al nacer existe una debilidad inherente de los músculos de la cadera. Esto está dado por las hormonas femeninas, principalmente la relaxina, que es la que ayuda a la madre a abrir las caderas durante el parto, además de que se aflojan los ligamentos que rodean la articulación de la cadera.

Es muy importante que el pediatra diagnostique este padecimiento en el examen que se les hace a todos los recién nacidos, en el cual se debe observar si las caderas brincan (signo de Ortolane). La cadera afectada no se extiende libremente cuando se jala, sino que da una sacudida brusca.

El pediatra tiene que ser muy cuidadoso en su exploración para diagnosticar las dislocaciones congénitas de cadera en etapas tempranas, ya que de eso depende del éxito del tratamiento y que el bebé crezca normalmente sin secuelas. En cambio, si la dislocación pasa sin diagnóstico hasta que el niño camine, el tratamiento es más difícil y se corre el riesgo de que tenga una cojera permanente y una mayor susceptibilidad de padecer osteoartrosis en etapas posteriores de la vida.

En los niños lactantes puede desaparecer el Ortolane (chasquido de la cadera), y los signos que pudieran orientar al diagnóstico de luxación serían la asimetría de los pliegues de la cadera y la limitación para abrir la cadera.

El diagnóstico se confirma con rayos X y ultrasonido de la cadera. Pero estos procedimientos solamente nos ayudan a partir del segundo mes, por lo que, si hay duda, debe iniciarse el tratamiento a la mayor brevedad posible.

La dislocacion congenita de cadera es un padecimiento que ocurre en uno de cada 250 nacimientos